La Santa Sede ha hecho público esta semana el programa del viaje que Benedicto XVI realizará en el mes de marzo a México y Cuba. A la espera de algunos detalles más, el Papa se entrevistará con el Presidente de la República de México, Felipe Calderón y con Raúl Castro. Por importantes que sean estos encuentros, lo verdaderamente significativo es que se trata de una visita apostólica para encontrarse con la Iglesia que camina y se compromete en México y en Cuba.
No será un viaje fácil. No sólo por las condiciones climáticas y espaciales, sino por la concreta situación en la que viven los dos países latinoamericanos. México se encuentra en un momento crucial. La décimo primera potencia económica del mundo se enfrenta a tres desafíos graves: la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, la implantación de políticas públicas que consigan superar la pobreza en la que viven la inmensa mayoría de sus ciudadanos, y la asunción de reformas institucionales, también en materia de libertad religiosa, que hagan posible la consolidación del sistema democrático. La visita a Cuba tampoco será fácil. La dictadura castrista sigue persiguiendo a todos aquellos que claman por la libertad y se resisten a vivir bajo un régimen que se sostiene sobre la represión y la tortura.
Los católicos mexicanos y cubanos esperan mucho de este viaje y Benedicto XVI lo sabe. El pueblo sencillo y fiel quiere encontrarse con su Pastor; y también las fuerzas vivas, intelectuales, empresarios y políticos, pueden beneficiarse de la gran sabiduría del Papa de la razón.